domingo, 17 de enero de 2010

Te puedes ir por donde has venido

La distancia siempre es la solución. Distancia en el tiempo, distancia en el espacio. Alejarnos de lo que nos hace daño es un olvido progresivo. Se integra en el horizonte que dejamos a nuestras espaldas. El dolor tiene estados, hasta llegar al soportable. Convivir con él es algo que hacemos cada día. Con dolores ajenos, o dolores pasados. Pero son dolores que llegan y pasan, siguen su camino. La dificultad la encontramos si no podemos alejarnos de lo que nos hiere. A veces porque no queremos o no sabemos. Entonces el dolor se acrecienta. Es constante, punzante. Y nos quiebra por dentro bloqueando la posibilidad de superación, que necesita de la distancia. Nos va haciendo más vulnerables. Todo duele mucho entonces. Cualquier gesto, una palabra, el silencio. Y se acumulan dolores pasados y presentes, y se nos hace un bola de dolor. La mayoría de las veces el dolor puede aliviarse pero a veces llega cuando menos te lo esperas, te da un golpe bajo y no te deja levantarte.
Hay que aprender a aceptar el dolor, porque lo cierto es que nunca te abandona y la vida siempre lo acrecienta.